Buenos Aires (2b) – La escalada del conflicto en Medio Oriente sumó en las últimas horas un nuevo capítulo de máxima tensión, con ataques cruzados y negociaciones contrarreloj para evitar una escalada mayor entre Estados Unidos, Israel e Irán.
El punto crítico lo marcó el ultimátum lanzado por Donald Trump, cuyo plazo vencía durante la noche, mientras continuaban los bombardeos y movimientos militares en la región. La advertencia buscaba forzar un freno inmediato de las hostilidades, aunque en paralelo se intensificaban las operaciones sobre distintos puntos estratégicos.
Según trascendió, las partes mantienen canales abiertos de negociación, aunque con enormes diferencias y en un clima de extrema desconfianza. Las gestiones diplomáticas apuntan a lograr al menos un alto el fuego temporal que permita descomprimir la situación.
En el terreno, la dinámica es otra: ataques selectivos, respuestas inmediatas y una creciente preocupación internacional por el riesgo de que el conflicto se expanda a toda la región. La participación indirecta —y cada vez más visible— de potencias globales agrega un condimento adicional a una crisis que ya tiene impacto geopolítico y económico.
El escenario es seguido con atención por los mercados internacionales, especialmente por su impacto en el precio del petróleo y la estabilidad financiera global, en un contexto donde la incertidumbre ya venía en aumento.
Mientras tanto, la comunidad internacional insiste en la necesidad de una salida diplomática urgente. Sin embargo, por ahora, la lógica de la confrontación sigue imponiéndose sobre los intentos de tregua.





