Kicillof endurece su postura y desafía al kirchnerismo: «No hay sumisión, vamos a las PASO o a una interna»
La interna del peronismo dejó definitivamente de ser un murmullo de pasillos. Axel Kicillof reunió a su tropa política, endureció el discurso y envió un mensaje con destinatario claro: el kirchnerismo ya no podrá definir en soledad el futuro del espacio. La frase que trascendió del encuentro del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) resume el nuevo escenario: «No hay sumisión. Vamos a las PASO o a una interna».
El gobernador bonaerense ya no discute solamente una candidatura presidencial. Discute las reglas del poder. Durante años, el peronismo resolvió sus liderazgos mediante acuerdos de cúpula. Incluso cuando hubo competencia, las decisiones terminaban ordenándose alrededor de la conducción de Cristina Kirchner. Esa lógica parece haber llegado a un límite.
Kicillof considera que su gestión en la provincia de Buenos Aires y el volumen político acumulado lo habilitan a disputar el liderazgo nacional sin pedir permiso. Y, sobre todo, sin aceptar condicionamientos.
La definición aparece pocos días después de que desde el entorno de Cristina Kirchner dejaran trascender que el gobernador no es el candidato natural del espacio. La respuesta fue inmediata: si no hay consenso, habrá competencia.
El problema ya no es Milei. La discusión revela un dato político más profundo. Hasta hace pocos meses el peronismo debatía cómo enfrentar a Javier Milei. Hoy dedica buena parte de su energía a resolver quién conducirá la oposición.
El gobernador entiende que una candidatura ungida desde un escritorio ya no resulta viable. Cree que el liderazgo debe legitimarse en las urnas, sea mediante unas PASO nacionales o, si finalmente son eliminadas, mediante una elección interna del partido.
No es casualidad que el mensaje haya sido acompañado por intendentes, legisladores y dirigentes que desde hace tiempo reclaman mayor autonomía respecto de La Cámpora.
La pelea por las reglas. Más que una discusión de nombres, lo que está en juego son las reglas de juego. Si el kirchnerismo acepta una interna, reconoce implícitamente que ya no tiene capacidad para ordenar por sí solo al peronismo. Si la rechaza, corre el riesgo de profundizar una fractura que podría derivar en listas separadas.En ambos casos, el equilibrio interno cambia.
Kicillof parece haber llegado a la conclusión de que hoy le conviene competir antes que negociar desde una posición subordinada. Sus colaboradores creen que una elección interna lo fortalecería, aun cuando implique exponer las diferencias.
Una discusión que excede a Buenos Aires. Aunque el escenario se desarrolla en la provincia de Buenos Aires, el impacto alcanza a todo el país. Los gobernadores, intendentes y dirigentes provinciales observan con atención el desenlace porque de esa disputa dependerá el esquema de poder del peronismo para 2027.
En provincias como La Pampa, donde también comienzan a aparecer tensiones entre distintos sectores del PJ, la discusión adquiere una lectura inevitable: el modelo de conducción vertical empieza a ser cuestionado desde adentro.
El tiempo corre. Paradójicamente, quien observa con mayor tranquilidad esta pelea es Javier Milei. Mientras el oficialismo concentra su estrategia en sostener la estabilización económica y proyectar una reelección, el principal espacio opositor todavía debate quién tendrá la lapicera.
Kicillof dejó una certeza: no aceptará una candidatura definida por otros. Ahora resta saber si el kirchnerismo está dispuesto a someter su liderazgo a una competencia electoral o si la disputa terminará trasladándose a las urnas con un peronismo dividido.
La respuesta empezará a definir no solo al candidato opositor de 2027, sino también qué tipo de peronismo emergerá después de Cristina Kirchner.





