Buenos Aires (2b) – Después de meses de una relación marcada por la tensión y los contactos esporádicos, el Gobierno nacional busca recomponer el vínculo con los gobernadores. La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete marcó el inicio de una nueva estrategia política que tiene un objetivo concreto: construir una mayoría que permita aprobar las reformas pendientes y, al mismo tiempo, empezar a ordenar el escenario de cara a la reelección de Javier Milei.
La Casa Rosada trabaja para concretar una reunión con mandatarios provinciales antes de los actos por el 9 de Julio en Tucumán. El encuentro serviría como puntapié inicial de una etapa donde el diálogo político vuelve a ocupar un lugar central, luego de un largo período en el que predominó la confrontación con las provincias.
Santilli, el nuevo puente con las provincias. El desembarco de Diego Santilli no sólo implicó un cambio de nombres en el gabinete. También significó una redefinición del esquema político del Gobierno.
El flamante jefe de Gabinete asumió con una misión específica: reconstruir los puentes con los gobernadores y garantizar los votos necesarios para impulsar la agenda legislativa libertaria. Para eso, absorbió nuevamente el manejo político que históricamente tuvo el Ministerio del Interior, transformándose en el principal interlocutor con las provincias.
El mismo día de su jura recibió a una amplia representación de gobernadores, entre ellos Alfredo Cornejo (Mendoza), Martín Llaryora (Córdoba), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Marcelo Orrego (San Juan), Alberto Weretilneck (Río Negro), Rolando Figueroa (Neuquén), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Leandro Zdero (Chaco) y Raúl Jalil (Catamarca), entre otros.
Zonas Frías, la primera prueba. El proyecto para modificar el régimen de Zonas Frías aparece como la primera gran prueba de esta nueva etapa.
La iniciativa ya obtuvo media sanción en Diputados, pero genera resistencia en varias provincias que hoy reciben beneficios por el esquema vigente. Por eso, el oficialismo considera indispensable negociar directamente con los mandatarios antes de avanzar en el Senado.
No es casual que Santilli haya mantenido reuniones específicas con Jalil e Ignacio Torres, dos gobernadores que tuvieron un rol activo durante el debate parlamentario del proyecto.
Las reformas que vienen. Más allá de Zonas Frías, el Gobierno busca construir consenso para una agenda legislativa mucho más amplia.
Entre las prioridades aparecen la reforma electoral —que incluye la eliminación de las PASO—, la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central y nuevas medidas vinculadas al paquete de desregulación económica que impulsa Javier Milei.
Para la Casa Rosada, ninguna de esas iniciativas podrá prosperar sin un acuerdo previo con los gobernadores, que siguen siendo actores determinantes tanto por el peso de sus legisladores como por su capacidad de ordenar los bloques provinciales.
El trasfondo: la reelección. Detrás de la búsqueda de consensos también aparece un objetivo político de mayor alcance.
En Balcarce 50 entienden que la relación con las provincias será determinante para construir el escenario electoral de 2027. La estrategia ya no pasa únicamente por conseguir votos en el Congreso, sino también por empezar a cerrar acuerdos territoriales que fortalezcan el proyecto reeleccionista de Milei.
La eventual flexibilización de los armados locales, la discusión sobre las PASO y la posibilidad de habilitar acuerdos electorales diferenciados forman parte de una negociación que recién comienza y que tendrá a Santilli como principal operador político del Gobierno.
Un cambio de método. El giro no pasa inadvertido. El mismo Gobierno que durante buena parte de su gestión cuestionó públicamente a los gobernadores y buscó imponer condiciones desde la confrontación, ahora necesita de esos mismos mandatarios para avanzar con las reformas estructurales que considera centrales para la segunda mitad del mandato.
La apuesta oficial es clara: menos confrontación institucional, más negociación política. El desafío será comprobar si esa nueva estrategia alcanza para convertir el diálogo en votos y sostener una agenda legislativa que, hasta ahora, encontró más obstáculos que consensos.





