Santa Rosa (2b) – Independizarse en Argentina se volvió un desafío cada vez más difícil para los jóvenes. Según un relevamiento del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), una persona necesita $1.321.651 mensuales para cubrir los gastos básicos de vivir sola, una cifra que supera en un 47% el salario promedio de los trabajadores jóvenes, estimado en unos $900.000.
El estudio determinó que la denominada canasta de emancipación está integrada por tres grandes rubros: el alquiler, que demanda $623.726 mensuales; los servicios (expensas, luz, gas, agua e internet), con $370.512; y la canasta básica de consumo personal, que asciende a $327.413.
La brecha entre ingresos y costo de vida explica por qué el 44% de los jóvenes argentinos continúa viviendo con sus padres, siendo la situación habitacional más frecuente. Muy por detrás aparecen quienes viven solos (26%) y quienes comparten vivienda con amigos o compañeros (21%).
El informe señala que el 27% de quienes permanecen en el hogar familiar asegura que simplemente no puede afrontar el costo de un alquiler. En promedio, independizarse exige unos $421.000 más que el ingreso mensual de un trabajador joven.
La investigación también revela diferencias de género. Las mujeres dejan el hogar familiar a una edad promedio de 27,1 años, mientras que los varones lo hacen a los 29,2 años. Sin embargo, ellas se emancipan con ingresos significativamente menores: $616.300, frente a los $900.000 de los hombres. Esa diferencia salarial lleva a que muchas opten por mudarse en pareja para compartir gastos.
Entre los jóvenes que aún viven con sus padres, la edad promedio es de 23,3 años y más de la mitad tiene ingresos inferiores a los de sus progenitores. Además, el 44,4% no realiza aportes económicos al hogar.
El estudio también muestra el impacto emocional de esta situación. Mientras un 27% asocia vivir con sus padres con tranquilidad y contención, otro 27% lo relaciona con frustración o sensación de estancamiento. En la misma línea, dos de cada tres jóvenes admiten sentirse identificados con la frase: «Soy adulto, decido como adulto, pero en casa mantengo hábitos de adolescente».
Otro dato que refleja las dificultades para sostener la independencia es que el 15% de los encuestados volvió a vivir con sus padres después de haberse emancipado. Entre los motivos aparecen haber regresado del exterior (36%), una separación o divorcio (17%) y el incremento de los costos habitacionales (14%).
La investigación también evidencia diferencias geográficas. Los jóvenes que viven en la Ciudad de Buenos Aires logran independizarse, en promedio, alrededor de los 27 años, mientras que en los partidos del Gran Buenos Aires esa edad se acerca a los 30 años, debido a las distintas condiciones del mercado laboral e inmobiliario.
A pesar de las dificultades, el 58% de quienes todavía viven con sus padres asegura que tiene intención de mudarse en el futuro. La mayoría preferiría hacerlo sola y considera que la principal ventaja de independizarse es ganar libertad, tranquilidad y crecimiento personal. Sin embargo, identifican a los altos costos económicos como el principal obstáculo para concretar ese proyecto.
Desde la UADE, la investigadora Juana Jurado sostuvo que la salida del hogar familiar «ya no depende solo del deseo de independencia, sino de una combinación de factores económicos, familiares y emocionales», y afirmó que, en el contexto actual, independizarse «se volvió una verdadera proeza económica».





