Buenos Aires (2b) – La aparición de una bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» durante los festejos de la Selección Argentina, tras la victoria por 2 a 1 frente a Inglaterra en las semifinales del Mundial 2026, volvió a instalar el reclamo de soberanía sobre las islas en la agenda internacional. Mientras algunos medios británicos calificaron el gesto como una provocación, el prestigioso diario The Guardian publicó un editorial en el que instó al Reino Unido a reabrir las negociaciones con Argentina.
El artículo, firmado por el periodista y columnista Simon Jenkins, sostiene que «las Malvinas no pueden ser británicas para siempre» y plantea que Londres debería avanzar hacia una solución diplomática, tal como ocurrió recientemente con Gibraltar.
Gibraltar, el ejemplo que propone el diario británico. Jenkins recordó que esta semana el Reino Unido y España alcanzaron un acuerdo sobre Gibraltar que permitió eliminar el histórico vallado fronterizo, poniendo fin a una disputa diplomática que llevaba décadas.
A partir de ese antecedente, el columnista se preguntó si el reclamo argentino que volvió a visibilizarse durante el Mundial podría servir para impulsar una negociación similar. «¿Será mucho esperar que una negociación parecida surja producto de la semifinal de anoche?», escribió.
«No pueden ser británicas para siempre». En uno de los pasajes más contundentes del editorial, el periodista afirmó que ningún territorio heredado del antiguo Imperio Británico tiene derecho a permanecer indefinidamente bajo soberanía del Reino Unido.
«Ninguno de los territorios de la era imperial británica tiene el derecho eterno de permanecer como están, menos uno que le cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras esterlinas por año en defensa», sostuvo.

Una revisión histórica. El artículo recuerda que durante la década de 1970 el propio Reino Unido mantenía conversaciones con Argentina para avanzar en una eventual transferencia de soberanía sobre las islas, en línea con el proceso de descolonización promovido por las Naciones Unidas.
Según reconstruye Jenkins, en 1971 ambos países habían alcanzado acuerdos que permitían a los habitantes de las islas viajar al territorio continental argentino para acceder a hospitales, comercios y otros servicios. «Gradualmente, los isleños estaban formando lazos cercanos con sus vecinos costeros», señaló.
El autor sostiene que, en aquel momento, la discusión respondía más a criterios geográficos y económicos que históricos. «Para el Reino Unido era ridículo destinar enormes recursos militares para defender unas islas lejanas y disputadas», escribió.
La guerra de 1982 y el congelamiento del diálogo. El editorial reconoce que la «invasión argentina» de 1982 modificó completamente el escenario y provocó la ruptura de las negociaciones. «La lógica de la guerra exigía una victoria», señala Jenkins, quien sostiene que un acuerdo diplomático podría haber evitado cientos de muertes y enormes costos económicos.
Sin embargo, cuestiona que, una vez finalizado el conflicto, Londres haya decidido congelar cualquier discusión sobre la soberanía durante más de cuatro décadas. «Lo que la guerra de 1982 no necesitaba era que el Reino Unido suspendiera completamente cualquier debate sobre la soberanía de las islas durante más de 40 años», afirmó.
Cuestionamientos al argumento británico. El columnista también relativizó el resultado del referéndum realizado en 2013, cuando el 99,8% de los habitantes de las islas votó por continuar bajo administración británica. A su entender, ese resultado no alcanza para cerrar definitivamente el conflicto.
«La realidad es que estas colonias, inevitablemente, tarde o temprano, terminarán integrándose a sus respectivos continentes. No pueden ser protegidas indefinidamente por una potencia europea y los reclamos argentinos no desaparecerán», sostuvo.
Finalmente, Jenkins expresó que espera que el episodio ocurrido durante los festejos del Mundial contribuya a reabrir el debate. «Sería gratificante si la bandera de las Malvinas exhibida durante el partido en Estados Unidos lograra sacudir a alguien para que vuelva a poner este tema sobre la mesa», concluyó el editorial.





