Santa Rosa (2b) – Luciano di Nápoli comienza a dar pistas del futuro cercano que atravesará el peronismo. Llamativamente, hay buenas noticias para el PJ: el intendente de Santa Rosa no quiere internas. No quiere decir que vaya a ceder su lugar o su precipitado protagonismo en pos de dar el gran salto al sillón del Gobernador, sin embargo, se anota para aguantar lo que haya que aguantar, y que la unidad ‘a como cueste’, se logre y el peronismo no llegue debilitado a la contienda provincial en 2027.
Luciano vive en campaña. Todos sus movimientos se interpretan en esa clave. La de un player que busca la pelota y quiere destacar por sobre sus compañeros. Sus visitas al norte provincial, su anterior recorrida por Rolón -motivada por el Mercado Concentrador-, le ha permitido al intendente adquirir otro perfil de visibilidad. Probablemente en esas recorridas también haya relevado su presencia entre los pampeanos del interior provincial y allí tal vez haya una lectura que la mayoría pase por inadvertido.
Algunas de las textuales que dejó el intendente en otro acto con tinte de campaña fueron llamativas. Sobre todo por su postura consensuadora y por haber bajado un cambio. Esto no es algo lineal ni definitivo, pero está claro que di Nápoli que si quiere ser candidato, debe serlo por dentro del PJ pampeano. Unas de las razones que han deslizado desde diferentes sectores del oficialismo que cuenta con números en mano, la imagen del intendente santarroseño está por debajo de lo esperado en distintas zonas de la provincia, particularmente en el norte pampeano. Cuando ‘Copete’ esboza que no quiere internas y que se necesita el consenso en el PJ, deja entrever exactamente esto: sin aparato provincial, no hay Gobernación posible.

Le tuvo que bajar el precio a Fuerza Pampa, a pesar del coste discursivo que podría significar: lo justificó al decir que «era lógico», como si un grupo de peronistas se hincharan las que usted lector sabe y se les ocurriera hacer un partido de la nada. Otro indicio de que las cosas no están saliendo como el intendente deseaba.
No obstante, no significa que no vaya a jugar. Di Nápoli posee un gran activo para la política de hoy: gestión visible y concreta. El intendente, al criterio de quien escribe, ha tenido la virtud de leer la política en la clave actual -por supuesto dejando qué desear en muchos aspectos-, y avanzar fuerte sobre el desarrollo territorial con obras como la inaugurada ayer en Villa Parque. Sin embargo, se ha ganado ciertas peleas que no eran tan necesarias y que le ha llevado a tener enemigos más temibles que los opositores del Concejo Deliberante: sus propios compañeros.
El conflictivo desembarco de Clarín que apuntó a comerse a la CPE es una de las acciones que el intendente dejó correr y que muchos peronistas no toleraron. El intento del loteo sobre la zona de descarga del Acuífero Santa Rosa-Anguil, otro. La RTO también fue una batalla de la cual el dinapolismo salió herido pero congraciado, pero que igualmente dividió aún más su electorado con el que no lo vota. Precisamente esta última, la Revisión Técnica Obligatoria, fue la primera controversia que puso al intendente en una disputa de índole provincial. Varios intendentes opositores y propios criticaron la medida porque puede afectar a los vecinos de otras localidades que visiten la capital pampeana por razones médicas o de urgencias, además de trámites u otros.
Vamos a darle un cierre a esta nota pasando en limpio: Luciano comprendió que la política en La Pampa comprende un entramada complejo cuando se mira al territorio. ¿Quién diría que el intendente de la capital provincial que comprende gran parte del padrón electoral no sería reconocido en el resto de las localidades del interior? Di Nápoli necesita del PJ. Pero ojo, tal vez el PJ también necesite de di Nápoli porque, como bien dijimos anteriormente, es el que mejor está entendiendo la política en clave de gestión territorial, pese a sus errores no forzados. Seguramente puje hasta último momento para ser candidato, aunque ya sepa que no es el primer caballo en carrera.
*Escribe Román Escobedo





