Aislada como columnista en el oeste: El Estado (policial) somos todos

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* por María Soledad Trímboli (abogada)

Santa Rosa (2b)  -En el marco del aislamiento social, preventivo y obligatorio, todas las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales, se han volcado a las calles para la vigilancia de su cumplimiento.  En La Pampa, algunos policías retirados se preparan para volver  a la actividad. Hasta las Fuerzas Armadas han tomado participación, aunque en cumplimiento de la ley de Seguridad Interior N° 24.059, solo pueden realizar tareas de índole social.

En este contexto, se han dado una serie de abusos  por las Fuerzas de Seguridad y casos de violencia institucional hacia personas que se encontraban violando el aislamiento social. Del “salto de rana” a tres pibes en la villa porteña 1-11-14 por miembros de la Federal, al “bailecito”- Conocida práctica de la colimba- en Isidro Casanova por la gendarmería. También en Isidro Casanova y también los miembros de Gendarmería, se permitieron ser innovadores en el manejo del terror, y mientras recorrían la zona en sus móviles, por altoparlantes hacían sonar un fragmento de la película distopica “La Purga” en el que anunciaban que en las siguientes 12 horas todos los delitos sería legales, incluso el asesinato, sin que las fuerzas del orden puedan intervenir, el video circula por internet.

Se han registrado además,  incidentes con balas de goma que involucran a las policías provinciales. Un caso en la provincia de Córdoba, donde un joven recibió un disparo de bala de goma por la espalda, luego de que se sustrajera al control policial. En Bahía Blanca un dirigente del MTE, fue reprimido con balas de goma, mientras intentaba oponerse a un desalojo de cuatro “trapitos” en situación de calle que ocupaban una casa abandonada para evitar ser perseguidos por la cuarentena. En Corrientes, un carrero recibió más veinte perdigones de balas de gomas por violar el aislamiento en busca de una “changa”.

Y por casa… ¿cómo andamos? En nuestra Provincia se conoció, que en la ciudad de General Pico, en el barrio Malvinas Argentina, un hombre fue alcanzado por balas de goma cuando regresaba a su casa de comprar pan, en un episodio en el que intervenía el GEO.  Hubo otra denuncia de apremios ilegales aplicadas por personal policial a detenidos en la seccional segunda de Santa Rosa, uno de ellos estaba demorado por incumplir el aislamiento, el jefe de la policía sostiene que son hechos aislados que están siendo investigados.

La Ministra de Seguridad de La Nación, Sabina Frederick, en este aspecto ha dado un giro copernicano respecto de su predecesora Patricia Bullrich, quien recordamos,  avaló a la Prefectura y Gendarmería en los casos de Rafael Nahuel y Santiago Maldonado, y llevó de la mano al policía Chocobar a la Casa Rosada para entrevistarse con el propio presidente Mauricio Macri;  Se encargó de separar a los gendarmes involucrados en los hechos de Isidro Casanova, y elaboró un protocolo para las Fuerzas de Seguridad de la Nación, e instó a sus pares en las provincias a realizar lo propio, evitando en todo momento abusos y malos tratos.

Se desconoce si en La Pampa se ha adoptado algún protocolo que indique a la policía cómo proceder en el control del aislamiento, o si debieran utilizar balas de goma, en este tipo de procedimiento.

Seguramente el breve recuento, no agota los casos de abusos policiales en el control del aislamiento, pero es claro que el hilo se corta por lo más delgado, la represión no funciona igual en los barrios clase media, que en los barrios populares, donde el “gatillo fácil” y la “portación de rostro” ya son viejos conocidos, y donde la cuarentena no hace más que acentuar las desigualdades  existentes en nuestro país. Aunque la criminalización de la pobreza es una constante. Muestra de ello es la población carcelaria argentina, predominantemente masculina, joven y pobre.

Mientras que la clase media balconea, en la Pampa, ya son alrededor 4000 las personas con algún tipo actuación policial-judicial por infringir la cuarentena, -cerca de 15.000 en todo el país- las que en algunos casos fueron indagas y formalizadas a través de medios virtuales.

El punitivismo está a la orden del día. Y un estado policial parece imponerse por abajo y por fuera de los discursos oficiales. Los casos más extremos son el  del vecino país Perú, que otorgó una especie de indulto anticipado para los policías que comentan excesos en el cumplimiento del control de la cuarentena, o del gobernador Gerardo Morales imponiendo traslado forzados de personas extranjeras. Pero hay otros dispositivos menos detectables, como la publicación de la listas de personas que viajaron al exterior como ocurrió aquí mismo en nuestra provincia. También en el día de ayer la Ministra Frederick, se despachó con un programa de “ciberpatrullaje” para detectar el humor social y evitar saqueos.

Pero en esto la gente de a pie aporta lo suyo, y los linchamientos ahora son virtuales, se publican datos y fotos de personas infectadas con el virus, o se discrimina a los trabajadores de la salud en sus propios edificios.

Al final de estas crisis, ciertas conductas y dispositivos de control suelen sedimentar. Sacaremos cuentas y acomodaremos en las columnas del debe y del haber muchas cosas, libertades individuales, violencia institucional, rol del estado, y un largo etc.

 

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