Derecho a la nostalgia: beneficios y dudas sobre la implementación total del expediente electrónico en la justicia pampeana

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* por María soledad Trímboli (abogada)

Santa Rosa (2b) –

El derecho no es para nostálgicos, va mutando, cambiando conforme cambian las sociedades y las necesidades normativas. Quienes estudiaron en los 90 fueron testigos de una de las reformas más importantes de nuestro derecho: la Constitución del ’94; los que estudiamos en la era kirschnerista vimos una veintena de reformas al orden jurídico, la más importante sin duda, fue la del Código Civil Argentino, sancionado durante la época Sarmientina de Organización Nacional.

Si el derecho cambia, también debe cambiar la forma de aplicarlo y por lo tanto la forma de administrar justicia,  sobre todo en la era de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que abren en el derecho miles de frentes que resolver en todos sus campos, desde el tele- trabajo, hasta el “pishing” o robo de identidad y estafas electrónicas, “hackeos” y robos de información, difusión de contenido privado almacenados en medios electrónicos, derecho a la información, “criptomonedas”, “fintechs”, y un largo etc.

La pandemia y la necesidad de distanciamiento social, tuvo por efecto exacerbar el uso de tecnologías y acelerar esos procesos de informatización del trabajo, y el Poder Judicial provincial no es la excepción, a partir del 1 de julio la “despapelización” será total. El viejo expediente papel, no corre más. Hasta ahora la experiencia de la tramitación vía digital, solo funcionaba en el fuero penal. Pero desde esa fecha, todos los fueros- civil, laboral, de familia y minería-  y todos los operadores jurídicos – jueces, empleados y abogados- , trabajaran a través de un sistema informático  de gestión de expedientes (SIGE) donde realizaran todas las presentaciones y despacharan resoluciones.

Entre las ventajas de este sistema de trabajo, se cuentan la economía de recursos,  y de tiempo. Hay no solo un ahorro de insumos al evitar impresiones, pero permite eficientizar los espacios de trabajo, pensemos que no se requiere el mismo espacio para almacenar quinientos expedientes en papel que quinientos expedientes digitales, por poner un caso. Esto además, se presenta como una solución amigable para el ambiente.

La economía es también de tiempo, lo que en una provincia con pocas circunscripciones judiciales y sedes tribunalicias tan alejadas una de la otra, es un  beneficio para la práctica de los abogados.  La lógica consecuencia de todo ello debiera ser una mayor celeridad en los juicios, ya lo dice el conocido refrán “justicia tardía, no es justicia”. Aunque la informatización no necesariamente implica velocidad. A veces, la contracara de estos sistemas, suele ser cierta pérdida de formalidad  en los actos del proceso judicial, en detrimento de algunas garantías procesales. En lo personal, una vez me tocó ver una declaración indagatoria- primer acto de defensa- donde el imputado era asistido por un defensor  mediante video conferencia, lo cual torna cuanto menos dudosa la eficiencia de la misma, y el pleno respeto a la garantía de defensa en juicio, por dar un ejemplo.

El funcionamiento y progreso del sistema se verán sobre la marcha, por lo pronto la experiencia de la despapelización en el fuero penal es  exitosa. Algunos problemas con estos sistemas están dados por la confiabilidad y operatividad, en el caso del fuero federal por ejemplo, que tiene un sistema mixto entre informático y papel, las caídas son frecuentes, eso por lo pronto no ocurre en nuestro fuero penal provincial.

Entre los colegas, hay un poco de reticencia, como pasa con las cosas nuevas. Es que hay que aprender de nuevo, adaptarse a esta nueva forma de trabajo que ya no incluye las visitas a tribunales para llevar escritos o consultar expedientes, un ámbito de socialización con los colegas que se pierde. En lo personal, le daré un oportunidad a la despapelización, porque previo a esas visitas al juzgado, siempre hay una pelea con la impresora –Las impresoras nunca funcionan cuando uno está apurado- , luego festival de firmas, correr al juzgado, y mejor no hablemos de estacionar. En fin, no hay forma de escaparle al progreso, aunque un poco de nostalgia es permitida.

 

 

 

 

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