Santa Rosa (2b) – La Pampa nuevamente, y una vez más, le metió un zapatazo de aquellos al COVID-19 para volver a ser líder, epidemiológicamente hablando, en el país. Con la vuelta de Realicó a Fase 5, la de distanciamiento social, preventivo y obligatorio, no quedaron más localidades en zona de transición y el bicho parece estar controlado. Además, los casos siguen bajando: hay 850 activos pero no paramos de reportar muertes, que ya suman 70 en lo largo y ancho del territorio pampeano.
Paso a paso, dijo mostaza. De manera escalonada y a partir de los trabajos de focalización, La Pampa de nuevo volvió a ser ejemplo a nivel nacional de como manejar un brote de casos de COVID-19. La medida ya es la recomendable en estos casos: se usó cuando Catriló tuvo el primer brote grave allá por junio y sus posteriores cierres de localidades tales como Santa Rosa, Pico y demás; luego Intendente Alvear -en aquel momento, el más grave-, que tuvo, consecuentemente, la caída de Bernardo Larroudé y la peligrosidad constante del norte pampeano; por último, y el brote más complicado de todos, el de la capital pampeana, que estuvo junto a Pico un mes en Fase 2 para controlar los contagios. Más tarde que nunca, la estrategia funcionó.
Casos apartes son Eduardo Castex, Realicó, Trenel, La Maruja, Victorica, La Humada también podría sumarse a la lista. Estas estuvieron en fase de transición poco tiempo pero la medida sirvió también.
Ahora, con la vuelta a Fase 5 de Realicó, La Pampa retoma en todo su territorio el distanciamiento social, preventivo y obligatorio. Es un golazo de cara a las fiestas, y más con las nuevas habilitaciones para ingresar y salir a la provincia. «Si queremos estar bien para las fiestas, hay que esforzarse ahora», supo decir el gobernador Ziliotto en alguna que otra entrevista. Estamos encaminados…





