Santa Rosa (2b) – La comunidad ranquel “Willi Antü” llevó a cabo la XI edición del Vuta Travunche durante el fin de semana pasado, en el predio que posee a la vera de la ruta nacional N° 35. El evento contó con diversas actividades, entre talleres, caminatas y charlas, que sirvieron para reflexionar sobre la cultura indígena.
El XI Vuta Travunche tuvo lugar entre el viernes 22 y domingo 24 de noviembre en el predio de la comunidad ranquel “Willi Antü”, donde se desarrollaron talleres de rescate musical, de bioconstrucción, de cerámica ancestral, de chueca y danzas, se construyó un horno, hubo una charla sobre pinturas rupestres y se llevó adelante una caminata por rastrilladas indígenas.
Todas estas actividades pudieron concretarse gracias al esfuerzo a pulmón que hizo la comunidad anfitriona, encabezada por su lonko María Inés Canhué, así como por el personal de la Modalidad de Educación Intercultural Bilingüe del Ministerio de Educación de La Pampa y por la colaboración gratuita de las personas talleristas.
También participaron las comunidades indígenas “Eusebia Farías”, “Antonia Cabral”, “Nahuel Auca” de Parera y la de Realicó, quienes vinieron por sus propios medios hasta Santa Rosa. Canhué lamentó que no recibieron ningún tipo de colaboración por parte de los organismos ligados a los asuntos indígenas y eso imposibilitó que pudieran asistir más comunidades.
“El Vuta Travunche es una reunión que hacemos todos los años para celebrar nuestra cultura, fortalecernos entre nosotros y unirnos más. También intentamos fortalecer la cosmovisión ranquel entre la juventud”, explicó Canhué en diálogo con DOS BASES.
El Vuta Travunche, vocablo que significa “gran encuentro de gente”, se realizó por primera vez en el año 2012 en la casa de María Inés, quien decidió hacer un homenaje a su padre que había fallecido recientemente.
El objetivo primordial de esta celebración es continuar con la revitalización y difusión de la cultura rankulche. En esta edición también empezaron a incorporar un aspecto pedagógico al evento, para lo cual invitaron a estudiantes y docentes de la Escuela N° 201 de Santa Rosa.
La onceava edición comenzó el viernes por la tarde con la apertura y la ceremonia del sahumado, que consiste en el encendido del fuego en donde se ponen en un cuenco hierbas medicinales, nativas, aromáticas y se humea el espacio.
“Lo primero que se hace es pedir permiso al lugar para que nos reciba y le decimos que nos comprometemos a cuidarlo”, explicó Inés.

A continuación, se llevó a cabo el armado de un horno cerámico con ladrillos, que estuvo a cargo de Cristina Fiorucci, y un taller de rescate literario musical, en el cual los niños y niñas, a partir de palabras disparadoras, compusieron canciones.
“Los chicos estuvieron muy entusiasmados con la actividad y el horno quedó hermoso. Y del taller musical salieron canciones muy lindas también”, contó alegre la lonko de la comunidad.

El sábado por la mañana se llevó a cabo un taller de bioconstrucción, donde se enseñó la técnica chorizo, con la cual los chicos y chicas siguieron aportando a la construcción del salón comunitario de la “Willi Antü”.
“Cada vez que tenemos una reunión como esta recuperamos la técnica chorizo y enseñamos cómo hacerlo. A los más pequeños les encantó, creo que incentivó la imaginación que tienen. Había chicos que en horario de descanso seguían construyendo con el barro”, relató la entrevistada.
Ese mismo día por la tarde, tuvo lugar el taller de cerámica ancestral que sirvió para aprender sobre esta técnica que hace más de 3.000 años se comenzó a aplicar en estos territorios. El contenido de la actividad giró en torno a las maneras de preparar la mezcla, las formas básicas y la simbología utilizada.
Posteriormente, y a pesar del sofocante calor, los niños y niñas que se habían entusiasmado elaborando sus propias piezas cerámicas, se volvieron a entusiasmar mucho con el taller de chueca.
“Se armaron varios equipos y estuvieron un buen tiempo recuperando nuestros juegos ancestrales. Actualmente están declarados como deportes provinciales por su impronta en la región. Para el pueblo ranquel siempre fue muy importante el juego de la chueca porque implica todo lo que tiene que ver con lo comunitario. Se hacía para iniciar y despedir los encuentros. Creemos que es un juego que hay que rescatar”, expresó Canhué.
Después de la chueca, el grupo se dividió en dos: algunos participaron del taller de danzas y otro grupo trabajó en terminar las canciones que compartieron con el resto de los participantes después de la cena.
Sin embargo, antes de eso, los antropólogos Ignacio Roca y Rafael Curtoni brindaron una charla sobre pinturas rupestres en el territorio pampeano. Canhué se sorprendió porque los chicos y chicas de la escuela participante sabían lo que eran las pinturas rupestres y se pusieron a buscar entre todos distintos significados en las imágenes de las diapositivas. “Encontraban formas en las diapositivas que los adultos ni veíamos. Depende de cómo empezar a crear conciencia en los niños para cuidar nuestro patrimonio”, reflexionó Inés.
Por la noche, se encendió un fogón donde los estudiantes bailaron el Choique Pürún y charlaron sobre la importancia del fuego y la actitud que se debe tener ante una ceremonia. Luego de cenar, se volvió al calor de las llamas donde Inés relató algunas leyendas milenarias del pueblo ranquel.
Los chicos cantaron las canciones que habían compuesto anteriormente y se terminó el ritual del fogón con la presentación de Marcela Blanco, quien cantó en lengua ranquel al sonido del cultrún y los instrumentos que ella misma fabrica.
El domingo por la mañana, con la compañía de parte del personal del área de Educación Intercultural Bilingüe provincial y Curtoni, se llevó a cabo una caminata por un tramo de la rastrillada indígena que se encuentra en los límites del predio de la comunidad.
“Les explicaron a los estudiantes qué son las rastrilladas y qué significado tenían en nuestro pueblo, como los caminos mostraban la cosmovisión de nuestro pueblo”, señaló Canhué.
Educar desde el respeto
El Ministerio de Educación de La Pampa aprobó en agosto pasado que la Escuela N° 201 pase a llamarse Ruka Kimün, vocablo que en lengua rankulche significa “Casa del Saber”. La directora de la institución, Patricia Schoenfeld, explicó a DOS BASES que vienen trabajando hace 10 años con la “pampeanidad”.
Patricia detalló que el colegio santarroseño viene desarrollando hace 10 años un proyecto institucional para trabajar sobre “la recuperación pedagógica y la visibilización de lo nuestro, lo que nos pertenece, lo autóctono y lo originario de nuestra cultura”.
“Cada año ampliamos las propuestas de trabajo, abordando de manera interdisciplinaria cada una de las temáticas, que están transversalizadas por los ejes de la línea ministerial de Educación Intercultural Bilingüe. Mantenemos los canales comunicativos con diferentes comunidades rankeles, con el equipo de E.I.B. y con el Consejo Provincial Aborigen, con quienes de manera articulada llevamos adelante propuestas de trabajo y nos enriquecemos como escuela”, agregó.
Patricia e Inés coinciden en que el vínculo entre la Escuela N° 201 y la comunidad “Willi Antü” es permanente y cordial. Un ejemplo claro se observó cuando en octubre pasado llevaron adelante, de manera conjunta, una jornada de reclamo por la restitución del río Atuel.
“Nos nutrimos de la cosmovisión, de la cultura originaria, de los derechos y juntos desmitificamos concepciones erróneas. María Ines nos abrió las puertas siempre”, sostuvo Schoenfeld.
La Escuela N° 201 participó en junio pasado del We Tripantu (Año Nuevo Ranquel). Los alumnos y alumnas pernoctaron en la comunidad y compartieron experiencias con lonkos y descendientes de los pueblos indígenas, formaron parte de sus ceremonias ancestrales, que son aspectos que recuperan con su trabajo escolar, siempre trabajándolo desde el respeto y el acompañamiento.
Patricia subraya que estas instancias les suman “conocimiento desde la práctica” al programa institucional que sostienen desde la institución. Pero lo más importante es que “los niños se mostraron muy emocionados porque es un lugar verdaderamente mágico donde disfrutan permanecer y llevar adelante las diferentes propuestas”.
“Estamos felices, por el compartir, por el compromiso y el respeto asumido de ambas partes durante la vivencia de cada una de las jornadas. De hecho, cada encuentro con los referentes indígenas son el puntapié para seguir generando conocimiento y unificar criterios de abordaje”, indicó a DOS BASES.
“Tenemos la clara convicción que como sociedad debemos tener la apertura y reconocer al «otro» como nuestro hermano y edificarnos en las diferencias, eso es lo que intentamos replicar en cada estudiante que transita por nuestra escuela”, afirmó la directora.
Por su parte, Canhué agregó que la intención futura es extender este tipo de propuestas a otras escuelas. “Estamos pensando hacer la actividad con otras escuelas porque es una experiencia enriquecedora y transformadora para los chicos. Viven cosas que no vivieron nunca y les deja una experiencia inolvidable”, postuló.
Reclamos
La lonko María Inés Canhué se lamentó que este año no recibieron apoyo gubernamental para poder organizar el Vuta Travunche porque eso hubiese permitido que asistan más comunidades indígenas de la provincia.
“Este año no contamos ningún tipo de apoyo. Varias comunidades no pudieron venir. Hay una deuda muy grande del Estado nacional y provincial para con los pueblos originarios. Se hacen tantas fiestas que tienen apoyo y nosotros, que vivimos hace milenios en este territorio, no somos tenidos en cuenta. Lo hicimos igual porque somos indios, somos resistentes”, reclamó.
De hecho, la última actividad del fin de semana fue un parlamento y se hizo el domingo por la tarde, pero solo involucró a las personas lonko de las distintas comunidades que habían podido asistir. Hablaron sobre la compleja situación que atraviesan los pueblos originarios en Argentina y en todo el mundo.
“El Instituto Nacional de Asuntos Indígenas está desarticulado, se bajan leyes que costaron décadas, una lucha más de medio siglo la está queriendo borrar el Estado nacional. Hay que tomar acciones. A nivel provincial hay que empezar a buscar alternativas al diálogo con el gobierno”, expresó Canhué, que está convencida que se debe retomar el diálogo para volver a fortalecer el vínculo entre comunidades indígenas y los organismos pertinentes.
Para la lonko, cuentan con muchas herramientas para hacer política indígena, pero no hay voluntad gubernamental.
“Cuando nos necesitaron, estuvimos”, aseveró, y puso como ejemplo la vez que los pueblos originarios asistieron a la Corte Suprema de Justicia de la Nación para brindar su perspectiva sobre el río Atuel.
“Tuvo mucho valor esa perspectiva nativa. Necesitamos que se haga política indígena verdadera, necesitamos un plan de desarrollo con identidad. Presentamos uno en 2019 y todavía estamos esperando que se ponga en funcionamiento”, explicó.
“Todas las comunidades necesitamos tener un espacio comunitario para fortalecer y transmitir nuestra cultura a las generaciones venideras porque nuestra cultura se basa en el contacto con la naturaleza y la tierra. No lo estamos consiguiendo. Nos prometieron muchas cosas y se están abriendo totalmente. Queremos revertir, desde la década del 80 que nuestro pueblo está luchando en La Pampa y ha conseguido adherir a muchas leyes. No se está avanzando como se debería avanzar, estamos atascados. Las mismas comunidades se sienten trabadas porque ven que no hay avance”, concluyó María Inés Canhué.





