Una promesa eterna
Santa Rosa y Buenos Aires (2b)- Hace más de tres décadas que la Ruta Nacional 5 (RN 5) aparece en los discursos de campaña. Durante los años 80 y 90 se licitaron obras para duplicar la calzada entre Luján y Mercedes, pero las empresas concesionarias apenas construyeron unos pocos kilómetros. La sensación de abandono y desidia se instaló entre los vecinos de todas las localidades bonaerenses y pampeanas que conviven con el corredor.
Intentos y tropiezos del kirchnerismo
En 2008, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner firmó un contrato con la empresa Homaq SA para construir 100 km de autovía. Aquello pretendía corregir años de inacción: el objetivo era desdoblar la ruta hasta Bragado y establecer segmentos “seguros” hacia La Pampa
. Se renegoció en 2013, pero las obras nunca despegaron. La administración kirchnerista también avanzó con el bypass de Luján, que terminó inaugurándose en 2018, y fue esta gestión la que, en 2021, licitó nuevamente la duplicación de 20 km entre Mercedes y Suipacha, financiada con créditos internacionales.
. Hubo voluntad de recomponer un proyecto que venía maltrecho, aunque la burocracia y la crisis económica impidieron cumplir las metas.
El macrismo y el negocio de las PPP
Cuando Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada, el flamante ministro Guillermo Dietrich lanzó el Plan Vial Federal prometiendo convertir la RN 5 en autopista hasta Santa Rosa. La apuesta fue trasladar el grueso del proyecto al sector privado mediante contratos de Participación Público‑Privada (PPP). El consorcio Green‑China Construction America obtuvo el “Corredor B” y anunció 113 km de autopista hasta Bragado.
. Macri y María Eugenia Vidal recorrieron el obrador, se sacaron fotos y afirmaron que la obra costaría 40 % menos gracias a la transparencia del nuevo modelo.
Sin embargo, la retórica de “hacer más con menos” ocultaba los riesgos de financiar infraestructuras esenciales con bonos en dólares en plena crisis. A mediados de 2019 el esquema PPP colapsó: la empresa retiró el obrador por falta de financiamiento y se enviaron telegramas de despido a los trabajadores. Una auditoría oficial reveló que, de los 4 000 km de “rutas seguras” prometidos por la gestión Cambiemos, sólo se habían ejecutado 6 km
. La autopista de la RN 5 quedó reducida a un puñado de kilómetros y mucha propaganda.
La vuelta al Estado y las urgencias
Con el cambio de signo político en 2019, el ministro Gabriel Katopodis canceló los contratos PPP y reorientó la obra. Se diseñó una nueva licitación, se consiguieron fondos externos y en 2023 se retomaron los trabajos para duplicar los primeros 20 km. Ya en 2024, la motosierra presupuestaria de Javier Milei paralizó nuevamente la construcción. Sólo gracias a la presión de intendentes y a una cláusula del crédito internacional —que obliga a ejecutar la obra o pagar multas en dólares— las máquinas volvieron a ponerse en marcha en 2025.
Una lectura posible
El recorrido de la Ruta 5 muestra que diferentes gobiernos han utilizado esta autopista como bandera política. Los intentos kirchneristas de sacar adelante la obra se toparon con obstáculos pero lograron algunos avances concretos, como el bypass de Luján y la reactivación del tramo Mercedes–Suipacha. La gestión macrista, en cambio, usó la necesidad real de modernizar la ruta para ensayar negocios privados que prometían eficiencia y ahorro pero que terminaron generando demoras y contratos opacos. Mientras tanto, los vecinos siguen reclamando una autovía que reduzca accidentes y potencie la economía regional.





