Santa Rosa y Buenos Aires (2b)- La última actualización epidemiológica nacional mostró una caída marcada de los casos de psitacosis en comparación con el año pasado. Entre las semanas 1 y 43 de 2025 se confirmaron 93 contagios en todo el país, frente a los 209 que ya se habían registrado a esta altura en 2024. El pico del año se dio en enero —entre las semanas 1 y 4— y desde febrero la curva empezó a descender de manera sostenida.
Aunque el mapa general es más alentador, la distribución no es homogénea. La región Centro concentra la inmensa mayoría de los casos confirmados (87), seguida por Cuyo (6). Más atrás aparecen el Sur y el NOA, con apenas tres casos cada una. Y es justamente ahí donde se enciende la luz para La Pampa, una provincia que, aun con números bajos, vuelve a aparecer en el lote de mayor incidencia proporcional.
Según el informe oficial, Quemú Quemú figura entre los departamentos con mayor tasa de casos por 100.000 habitantes en todo el país, junto con Pichi Mahuida (Río Negro), Adolfo Alsina (Buenos Aires) y Paraná (Entre Ríos). El número absoluto es pequeño, pero el indicador muestra algo que los equipos de salud provinciales conocen de memoria: cuando la psitacosis aparece, suele hacerlo en brotes localizados y vinculados a aves de contacto cercano.
La enfermedad, causada por la bacteria Chlamydia psittaci, se transmite a humanos por exposición a aves portadoras. Si bien el imaginario la asocia casi exclusivamente a loros y cotorras, los últimos estudios muestran que también puede contagiarse a partir de palomas, pavos, pollos y patos. Esto explica por qué cada brote obliga a rastrear no solo la especie involucrada sino la procedencia del ave: comercio legal, tráfico ilegal o rescate de la vía pública.
El Ministerio de Salud insiste en que la detección temprana sigue siendo clave. El período de incubación es de 5 a 14 días y la presentación más frecuente es una neumonía adquirida en la comunidad. Para los equipos médicos esto supone algo básico: preguntar siempre por antecedentes de contacto con aves. Y para veterinarios y agentes sanitarios, evaluar el estado de los animales —nutrición, plumaje, peso, conducta— porque incluso aves aparentemente sanas pueden ser reservorios.
En La Pampa, donde es habitual convivir con aves domésticas y donde el comercio informal de psitácidas aparece cíclicamente en el radar, el dato de Quemú Quemú funciona como recordatorio. La tendencia nacional es descendente, pero la vigilancia local no puede relajarse. Como cada año, la psitacosis no es un problema masivo, pero sí un riesgo puntual que se activa cuando aves y personas se cruzan sin controles.





