Santa Rosa (2b)- El crecimiento exponencial de la actividad en Vaca Muerta está sumando graves problemas en la vía más importante para La Pampa y Buenos Aires, la ruta 5: es que el boom de Vaca Muerta, en el Sur, no solo se refleja en los pozos, los campamentos petroleros y las inversiones millonarias: también se siente —y fuerte— sobre la Ruta Nacional 5, que atraviesa el corazón de La Pampa y hoy funciona como uno de los principales corredores logísticos hacia la zona productiva.
La consecuencia empieza a hacerse visible a simple vista: banquinas comidas, baches profundos, deformaciones de calzada, sobrecarga en puentes y una infraestructura vial que ya rinde por encima de sus capacidades reales.
De acuerdo con estimaciones de organismos técnicos y fuentes vinculadas al transporte, por este tramo de la RN5 circulan más de 100 camiones por hora, un flujo inédito para una ruta que no fue diseñada para semejante exigencia. El dato más crítico es el peso: muchos de esos vehículos trasladan cargas que alcanzan o superan los 75.000 kilos, muy por encima de lo que cualquier infraestructura convencional soporta sin que el deterioro se acelere.
La advertencia fue planteada con claridad por Jorge Lasala, especialista en accidentología vial, quien incluso brindó charlas en Santa Rosa en el marco de los encuentros de los autoconvocados por la autovía de la Ruta 5. Lasala sostuvo que la combinación de sobrecarga, falta de mantenimiento estructural y tránsito intensivo crea un escenario que multiplica los riesgos, tanto para los transportistas como para los conductores particulares que utilizan la misma traza.
La evidencia más reciente no tardó en aparecer: durante este último fin de semana largo se registraron tres siniestros viales en la zona bonaerense de la Ruta 5, en su mayoría despistes de camiones, un tipo de incidente que suele relacionarse con calzadas deterioradas, cargas mal distribuidas o maniobras forzadas por el tránsito pesado.
En sectores entre Anguil, Lonquimay, Catriló y Uriburu ya se observan daños que se multiplican mes a mes. Transportistas y automovilistas señalan que la calzada muestra “fatiga” y que los arreglos parciales no alcanzan frente a semejante intensidad de circulación. La situación se vuelve aún más delicada en días de calor extremo, cuando el asfalto pierde rigidez y las huellas se profundizan en cuestión de horas.
Si bien la expansión de Vaca Muerta implica empleo, movimiento económico y mayor actividad en la región, también plantea un desafío estructural: La Pampa está funcionando como corredor clave sin recibir inversiones proporcionales para adaptar o reconstruir tramos que hoy están al límite de su capacidad operativa.
Ingenieros consultados destacan que, con cargas de este volumen, lo adecuado sería contar con pavimento reforzado, carriles auxiliares para pesados y puentes recalculados para estos tonelajes.
Mientras tanto, la RN5 absorbe un tránsito que no detiene su crecimiento. Y si no se ejecutan obras de fondo, advierten los especialistas, el deterioro se acelerará hasta obligar a restricciones de circulación o reparaciones de emergencia mucho más costosas. La Pampa vuelve a quedar en el medio de un esquema logístico nacional que produce riqueza lejos de su territorio, pero que deja sobre sus rutas una factura pesada que ya se empieza a ver —y a sentir— todos los días.





