Buenos Aires (2b) – El desplome del consumo redefine las vacaciones de los argentinos. Los empresarios del sector muestran una preocupación creciente por el cambio estructural del mercado. La crisis económica obliga a los trabajadores a reducir sus estadías a escapadas de pocos días.
La Costa en modo supervivencia
La temporada turística en la provincia de Buenos Aires está pasando por un filtro sanitario, pero de billeteras. Según un informe publicado por Página 12, la famosa «motosierra» oficialista no solo recortó gastos públicos, sino que terminó por aniquilar el concepto de la quincena de descanso para la familia promedio.
Los datos que maneja el intendente de La Costa, Juan De Jesús, son elocuentes: un 20% menos de turistas que en 2023 y un dato que duele en los mostradores: apenas el 18% de los visitantes se estira hasta una mesa de restaurante para cenar afuera. El resto, parece, sobrevive a base de sándwiches y la clásica heladerita en la arena.
El diagnóstico de CAME y el fin de la previsibilidad
Desde la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), liderada por Ricardo Diab, el panorama es todavía más sombrío. Según cita la fuente, la caída interanual alcanzó los 26 puntos, mientras que el uso de la Cuenta DNI —el último refugio del ahorro bonaerense— se desplomó un 40%. Lo que estamos viendo no es solo un bache, sino una reconfiguración total del hábito de viaje.
Hoy predominan los viajes espontáneos y sin reservas previas, donde el turista espera a ver si el bolsillo aguanta el jueves para salir el viernes. A esto se suma el fenómeno del pluriempleo, ya que con argentinos saltando de un trabajo formal a manejar una aplicación para llegar a fin de mes, coordinar vacaciones largas es hoy una utopía logística y económica. Además, la incertidumbre laboral y la flexibilidad actual permiten que el empleador decida casi sobre la marcha, matando cualquier planificación.
Kicillof y el invierno que se adelanta
En una reciente reunión encabezada por el gobernador Axel Kicillof junto a un centenar de empresarios, el clima fue de alerta roja. La frase que sobrevoló el encuentro fue lapidaria: «Si al país le va mal, a la costa le va mal».
Para localidades que van desde San Bernardo hasta Necochea, la temporada no es solo un momento de lucro, es el pulmón para aguantar el resto del año. Con la mitad de los argentinos fuera del circuito turístico, el entramado productivo de la provincia enfrenta un invierno que, esta vez, empezó en pleno enero.





