Santa Rosa (2b) – En una jornada marcada por la reflexión, el Parque Provincial de la Memoria se convirtió en un espacio de escucha atenta. Allí, dos sobrevivientes compartieron las historias de su infancia robada y la lucha por la identidad, desmintiendo con sus palabras cualquier intento de negacionismo sobre lo ocurrido durante la dictadura cívico-militar.
Omar Guardia: la infancia bajo tutela en Guatraché
Omar José Guardia, hijo de Rafael Guardia, relató el drama de su familia que comenzó en febrero de 1977 en Rancul. Tenía apenas dos años cuando vio cómo se llevaban a su padre por su compromiso político y rechazo al régimen.
Tras la detención, Omar y sus cuatro hermanos fueron puestos bajo tutela del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) y trasladados a un hogar en Guatraché, donde permanecieron seis años, hasta 1983. Su relato describió un régimen de privaciones extremas:

Falta de libertad: «Fuimos presos, no teníamos libertades como cualquier otro niño. Solo podíamos ir a la escuela y a la iglesia por obligación», recordó.
Maltrato sistemático: El joven relató castigos físicos y psicológicos constantes, sumados al miedo que les impedía denunciar lo que vivían.
Naturalización del horror: “Jamás contamos lo que pasaba por miedo o porque pensábamos que era algo natural en esa época”.
«Somos las voces de todos aquellos inocentes en este genocidio. Los genocidas deben seguir presos», sentenció Guardia al cerrar su intervención.
Fernanda Galeano: nacer entre la tortura y el silencio
El testimonio de Fernanda Galeano llevó a los presentes al centro clandestino de detención de Campo de Mayo. Hija de un desaparecido a quien nunca conoció, Fernanda nació en 1978 mientras su madre estaba en cautiverio.
Su relato expuso la crueldad más absoluta del aparato represivo:

El secuestro: Un grupo armado irrumpió en su casa de Moreno y se llevó a sus padres y a sus tres hermanos. Su madre cursaba un embarazo de ocho meses.
Parto en cautiverio: «La indujeron al parto mientras estaba encapuchada», relató. Los represores le permitieron ver a su hija con la condición de que no emitiera ningún sonido durante el nacimiento.
El regreso: Tras ser liberada, Fernanda fue entregada a su familia «en una bolsa, como si fuese una basura». Los médicos detectaron que la bebé ya presentaba lesiones físicas producto de la violencia sufrida durante su paso por el centro clandestino.
«No queremos venganza, queremos justicia. Si quieren la historia completa, que nos digan dónde están», interpeló Galeano, reafirmando el reclamo por los 30.000 desaparecidos.
Como broche de oro a estos testimonios, se procedió al descubrimiento de una placa conmemorativa y a la plantación de un árbol, un gesto que unió a las autoridades con las víctimas en el compromiso compartido de que el olvido no gane la batalla.





