Buenos Aires (2b) – En un nuevo capítulo de la escalada en Medio Oriente, Israel confirmó que abatió a Alireza Tangsiri, comandante de la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica, durante un ataque en la ciudad portuaria de Bandar Abás, ubicada en el estratégico Estrecho de Ormuz.
De acuerdo a medios israelíes, Tangsiri tenía un rol clave en la coordinación del cierre del paso comercial, una vía por donde circula cerca del 20% del suministro mundial de petróleo, lo que convierte al estrecho en uno de los puntos más sensibles del comercio energético global.
Hasta el momento, ni las Fuerzas de Defensa de Israel ni el gobierno de Irán emitieron comunicados oficiales confirmando o desmintiendo la operación, lo que agrega incertidumbre a un escenario ya de por sí volátil.
El dato no es menor: desde el 28 de febrero, en el marco del conflicto abierto en la región, Irán mantiene bloqueado el paso en el estrecho para sus “enemigos”, una decisión que ya generó preocupación en los mercados internacionales por su impacto potencial en los precios del crudo y la estabilidad energética.
La posible eliminación de una figura clave en la estructura militar iraní no solo representa un golpe táctico, sino que también puede escalar el conflicto a un nivel mayor, con consecuencias que exceden lo militar y se proyectan directamente sobre la economía global.
En un tablero donde cada movimiento tiene impacto mundial, el estrecho de Ormuz vuelve a quedar en el centro de la tensión. Y esta vez, con un mensaje que parece ir más allá de lo simbólico.





